¿Una nueva etapa de San Julián para hacer milagros?
Por Martín GARCES, Presbítero
Un estudiante de Derecho de la Universidad Literaria de Salamanca milagrosamente curado por San Julián en 1943.- Román Pedreira Ancochea padecía una peritonitis tuberculosa fatal y había sido avisado en sueños: “Si quieres sanar del vientre, has de visitar el sepulcro de San Julián, en Cuenca”
(Artículo publicado en el “Diario de Cuenca”, el Martes, 28 de enero de 1964, fiesta de San Julián. El artículo contiene también el relato completo de la curación del joven Román Pedreira Ancochea, contado por el mismo, con autorización del Sr. Obispo. Se reproduce solamente el relato de la curación, y la parte final del artículo)
   

   
Autorización del Sr. Obispo
   

EL Sr. OBISPO DE CUENCA, DON INOCENCIO RODRICUEZ DIEZ, ME PIDIO ESTA MI 2ª DECLARACION SOBRE EL “MILAGRO” DE SAN JULIAN, EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 1963 (la 1ª fue el 29 de Septiembre de 1945, día que entré en el Seminario) PARA SER PUBLICADA EN LA PRENSA.
POR LA SIGUIENTE CARTA DE LA SECRETARIA DEL OBISPADO DE CUENCA Y FIRMADA POR DON MARTIN GARCES, CON FECHA 3 DE FEBRERO DE 1964, CONSTA QUE LA SIGUIENTE DECLARACION PUBLICADA EN "DIARIO DE CUENCA" DE 28 DE ENERO DE 1964, TIENE LA APROBACION DEL Sr. OBISPO:

 

D. Román Pedreira Ancochea, el joven estudiante de Derecho en 1943, al terminar la carrera entró en el Seminario de Orense y fue ordenado Sacerdote en 1950, falleciendo en Madrid en 2007

   
   
SECRETARIA DEL OBISPADO
CUENCA
3 de Febrero de 1964

Rvdo. SR. D. Román Pedreira
Madrid

Mi querido compañero y amigo: A su debido tiempo recibí su carta y cuartillas que tuvo a bien enviarme, narrando, con todo detalle, los favores con que nuestro bendito patrono, San Julián le ha distinguido. No sabe cuanto se lo agradezco.

Por estos días, concretamente el día de su fiesta –28 de enero-, con la aprobación del Sr. Obispo, he dado publicidad en el Diario de esta capital, del que, por correo aparte le remito un ejemplar.

Creo que, con ello nuestro Patrón ha de sentirse muy honrado, y los lectores y devotos, viendo en El un valioso Abogado, se decidirán a invocarlo, en sus necesidades, con toda confianza.

Le reitero mi reconocimiento y me complazco reiterándome atto. y afmo. s.s. en Cristo.

Martín Garcés

   

   
Relato de la curación del joven estudiante Román Pedreira Ancochea, escrita por el mismo, a petición del Sr. Obispo
   
"Román Pedreira Ancochea, presbítero, director espiritual y capellán del Colegio Mayor Universitario "José Miguel Guitarte”, de Madrid, declaro “in verbo sacerdotis” y juro ante Dios ser cierto y verdadero el siguiente relato escrito de mi puño y letra:

En abril de 1943, guardando reposo absoluto en cama, a causa de una sombra infiltrativa en el pulmón izquierdo, en mi ciudad natal, Orense, siendo seglar, estudiante de Derecho en la Universidad Literaria de Salamanca, soñé que alguien, a quien no veía, me comunicaba claramente y sin palabras, de modo espiritual: "Si quieres sanar del vientre, has de visitar el sepulcro de San Julián, en Cuenca". Yo objetaba que me sería imposible ir allí, porque estaba enfermo y pronto me sentiría mal en el tren. La insinuación volvía a repetirse, creo que hasta tres veces : "Si quieres sanar del vientre ..."

Yo no estaba enfermo del vientre; por otro lado, nunca me había encomendado a San Julián, ni conocía su vida. Como prescripción médica me estaba prohibido leer y hablar, en una cuaderna escribí mi deseo de conocer quién era San Julián. Un familiar mío ojeó en la Vida de Santos, "La Leyenda de Oro", (cuyos tres tomos habían llegado providencialmente en aquellos días a casa, y los cuales libros yo desconocía en absoluto), no pudiendo encontrar nada que a San Julián de Cuenca se refiriese. Saldé el asunto, pensando no debía hacer caso de sueños, rezando un Padrenuestro al Santo.

Seguía mejorando de la sombra del pulmón, hasta el punto de que ya casi desaparecida, según las radiografías, hacía mi vida por los meses de junio y julio, tumbado en silla larga en la finca de mi casa.

En este estado, al rededor del 16 de agosto, empecé a sentirme enfermo del vientre. La inapetencia, que fue constante característica de la enfermedad en mí, se hizo absoluta. Se me empezó a hinchar el vientre; el malestar era espantoso. No podía tolerar ni alimentos líquidos. El mal fue paulatinamente en aumento. Se presentaron fortísima diarrea y náuseas, con gran pesadez de cuerpo. Tuve que guardar cama. No tenía fuerza para levantarme. Como el médico me había dado casi de alta después de la última radiografía, no hacía caso a las insistentes llamadas de mi familia, diciendo que "esa hinchazón que nosotros decíamos, del vientre (no me servía ninguna ropa), era que engordaba, porque me había puesto muy bien". Obligado el 30 de agosto a venir a verme y, comprobada la enorme hinchazón de vientre por él y la enfermera que me ponía inyecciones de calcio, en un aparte, le dijo, alarmado, a mi familia: "Este enfermo tiene una generalización secundaria del mal, imposible de prever; aproximadamente tiene unos dos litros y medio de líquido en el vientre, que hay que operar. Lo conceptúo gravísimo, y, en el mejor de los casos, de larguísima duración. Es una peritonitis tuberculosa fatal".

Me di cuenta, aún cuando no me lo dieron a conocer, del grave diagnóstico médico, y me preparé a bien morir, llegando a este último pensamiento (después de una lucha conmigo mismo), creo que con alegría.

Al llegar este estado de ánimo, se me recordó, de pronto, el sueño que había tenido en abril. Estaba pasando vacaciones en casa una hermana mía, que estudiaba la Licenciatura de Exactas en la Universidad Central, en Madrid, hoy Religiosa Misionera, a la que conté mi sueño, que ignoraba, por haber estado fuera de casa en las tareas del curso, añadiéndole: "Pero yo soñé que San Julián me iba a sanar del vientre, cuando no estaba enfermo del vientre, ahora lo estoy. Busca tú en "La Leyenda de Oro", a ver si encuentras algo que se refiera a San Julián de Cuenca".

Al poco rato regresaba mi hermana con el libro abierto, emocionadísima: Mira, mira lo que dice aquí -me decía-, y a continuación me lee: "... y lo que más es, soñando algunos enfermos que los sanaba San Julián, quedaron sanos" (P. Ribadeneira, S.J. – 1527-1611, Tomo 1º de “La Leyenda de Oro", página 241 – 4ª edición – Barcelona – Sociedad Editorial “La Maravilla”)

Nuestra sorpresa fue inenarrable. La confianza en mi curación por medio de San Julián, Obispo de Cuenca, absoluta. Con todo, he de hacer constar que esta confianza amaneció en mi en el momento mismo en que recordé el sueño, antes de leer en "La Leyenda de Oro".

Varios dolores, antes y después de mi curación, han pasado repentinamente a la sola invocación: "San Julián". Sobre este particular, lo que ha quedado más grabado en mi, ha sido lo sucedido el día 1º de septiembre, entre siete y siete y media de la tarde: Me aquejó un dolor fortísimo en la parte izquierda de la cabeza, que afectaba también al ojo izquierdo, molestándome extraordinariamente las pisadas, el mismo hablar en voz baja, y no se diga la luz. Era irresistible.

Mi hermana me dijo: "¡Hombre, teniendo un Santo que se ha venido a ofrecer, ¿por qué no lo invocas? "San Julián", dije, y como si hubiese sentido su "mano de Santo" sobre mí, instantáneamente quedé libre de toda molestia. No puedo describir lo maravilloso de tal suceso y el bienestar subsiguiente a él. Al punto un sudor copiosísimo y agradable me cubrió el cuerpo. Era este un sudor bien distinto de los corrientes, parecía que confortaba todo mi ser. Duró unos dos minutos.

El cuatro de septiembre me atrevía a levantarme un rato. Hasta el día cinco de septiembre, y según creo desde el tres, por la mañana, eliminé orina en una cantidad anormal.

El mismo día cinco, fiesta de San Julián en Cuenca, según supe después, llegó una medalla de San Julián, que había pedido mi madre se tocase al sepulcro del Santo, a una Religiosa (M. Cruz), Sierva de San José, residente entonces en el Convento de Cuenca, la cual Religiosa escribía enviándola y diciendo que el sepulcro del Santo había sido profanado, y quemado su cuerpo, pero que había sido tocada a lo que quedaba de éste, y la cual medalla colgué de mi cuello y llevo conmigo desde entonces.

Es de notar que el día siete, habiéndome visto el médico, declaró que había pasado la enfermedad. Recobrado el apetito, como en los mejores días, me mandó "comer de todo". Es de notar también que la enfermera encargada de ponerme diariamente inyecciones de calcio, recetadas desde diciembre, al observar la desaparición de la hinchazón del vientre y, por tanto, de mi enfermedad, preguntaba repetidas veces qué era lo que habían hecho conmigo y sólo se explicó todo al contarle el caso".

   

   
Transcribimos también la parte final del artículo de D. Martín Garcés, Presbítero, en el "Diario de Cuenca":

"Acaso no sea para el señor Pedreira la referida curación milagrosa, la gracia más apreciable por él recibida por la intercesión de San Julián. Reintegrado a sus estudios, en 1945 ingresó en el Seminario, del que en 1950 salió ordenado de sacerdote. Nosotros creemos firmemente que de esta manera tan singular ha completado su obra nuestro Santo Patrón con su elegido.

“Ya sacerdote, el Rvdo. don Román Pedreira Ancochea ha visitado dos veces nuestra capital y celebrado el Santo Sacrificio de la Misa en acción de gracias, ante los sagrados restos de San Julián. La segunda vez lo fue el verano pasado. Curiosos, le abordamos cuando se despojaba de los ornamentos rituales en la sacristía de nuestra S.I. Catedral, y le rogamos la transmisión de las líneas que dejamos trascritas. Tras la promesa de hacerlo, que quedó cumplida pocos días después, plenamente emocionado, nos exhortaba a promover y extender el culto y devoción a San Julián, a recomendar a todos nuestros lectores a poner todas sus necesidades bajo su patrocinio, con la gran confianza de que siempre serán realidad las siguientes palabras del P. Bartolomé Alcázar, en su vida de San Julián, escrita en 1612: "El Santo parecía que andaba buscando siempre caminos y maneras de mostrarse milagroso y benéfico”.
("Diario de Cuenca", 28 de enero de 1964)

   

 

Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias        

Vida y escritos de D. Román Pedreira Ancochea, Pbro.

Santiago Apóstol, Patrono de España        

Florecillas de San Julián, por Román Pedreira Ancochea, Pbro.